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viernes, 12 de febrero de 2010

¡Pero qué frío!

Hoy no se habla de otra cosa... La pasada noche, y especialmente hoy a primera hora de la mañana, ha hecho un frío de perros. Sigo encabezonado en entrenar dos días y descansar uno, así que esta mañana tocaba salir a correr. El pronóstico meteorológico no podía ser más claro: chaval, si sales a correr, te vas a congelar.

Como ya había pasado la prueba de la lluvia, pensé que no sería mala idea pasar la prueba del frío. Supongo que un día de éstos se me aparecerá un tornado que se me llevará volando o me caerá un rayo encima, puestos a desafiar los meteoros, ya me faltan menos por probar.

Así que me dirigí a la prueba del frío... Al principio no parecía que hiciera tanto. Estiré un poco antes de empezara a correr, y la verdad, se estaba más o menos bien en la calle. Bajé al río, y al llegar al desvío donde se abandona el asfalto y hay una zona de tierra, empecé a sospechar que algo pasaba cuando vi los charcos helados. En Santa Coloma no es normal que hiele, si pasa, pasa un día o dos al año. Y hoy era uno de esos días... Seguía sin entender por qué se habían helado si parecía que no hacía tanto frío. Seguí a un ritmo decente, hasta que di la vuelta al llegar a la playa. Y entonces empecé a correr con el viento de cara. Y lo entendí todo... ¡Qué frío!

Corriendo a favor del viento no notaba nada, era un frío seco, no el clásico frío húmedo de Barcelona que se te mete hasta los huesos. Como iba bien cubierto y corría con viento de cola, no noté un frío especial, pero al dar la vuelta, como se dice vulgarmente, me acojoné...

A partir del kilómetro 6 más o menos empecé a notar las manos heladas. A partir del 7 me empezaron a doler las manos. A partir del 8 no me sentía la cara... Iba con el cuello tapado y la cinta para las orejas, pero claro, nariz y boca iban destapadas, básicamente para poder respirar, acción muy recomendable mientras se corre... Y la boca y la nariz perdieron su sensibilidad casi del todo. Las manos me dolían de tanto frío. Pude mantener el ritmo bastante bien, aunque reconozco que el frío afecta mucho más negativamente que la lluvia. Eso me encaja con las dos medias maratones de Vilanova y Sitges, la de Vilanova fue con lluvia y nubes, y me fue muy bien. La de Sitges, con frío extremo y cielo despejado, y acabé molido. De todas maneras, en 10Km no da tiempo a cansarse mucho, así que llegué entero pero sin correr al mejor ritmo.

Pero cuando realmente me di cuenta del frío que pasé y cómo me afectó fue al llegar a casa. La puerta de entrada al edificio estaba abierta, empujé y entré, y al llegar a la puerta de casa saqué la llave, la metí en la cerradura... ¡Y no fui capaz de abrirla! Tenía la mano tan congelada que no era capaz de hacer la fuerza suficiente para girar la llave...

Y en la ducha acabé de corroborar que había sometido a mi cuerpo a un duro castigo. Normalmente tengo el termostato a 30º en invierno. Me metí bajo el chorro de agua caliente, y casi me achicharré. Tuve que bajar a 15º, y sentía que el agua casi hervía y se me clavaba como agujas. Estaba tan congelado que el agua fría me parecía que ardía...

Imagino que el cuerpo consume más calorías corriendo con ese frío, ya que, pese a los tentempiés en la oficina, al llegar a casa estaba muerto de hambre, menos mal que me esperaba medio kilo de entrecotte al roquefort.

No sé si volveré a hacerlo. Tampoco sé si volverá a hacer tanto frío otra vez. Mañana esta previsto que haga frío otra vez, me tocan series, así que esperaré a que salga el sol y caliente un poco.

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