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sábado, 13 de marzo de 2010

Un cobarde en San Francisco

Un cobarde es cobarde en casa y cobarde fuera de casa. Un viaje no es excusa para no correr, sino todo lo contrario, es una oportunidad excelente de probar otras orografías, otras rutinas y otros climas.

San Francisco es una ciudad que ya he visitado varias veces, algunas por trabajo, la mayoría, e incluso he estado de vacaciones en ella unos días. Fue precisamente en San Francisco donde estrené mi RunKeeper, y es en San Francisco donde puedo desayunar una buena sopa miso y pescado a discreción después de la carrera, acompañado por una buen plato de fruta y un café con un par de pastas.

El sábado 6 de marzo salí de Barcelona destino San Francisco, con escala en Múnich. Me llevé un buen susto porque mi compañero de viaje, que venía desde Madrid, me llamó diciéndome que habían cancelado su vuelo desde Madrid por la nevada que estaba cayendo en Múnich. ¡Y bien que estaba nevando!



Afortunadamente todo fue una falsa alarma, nevaba de lo lindo, pero sólo se canceló su vuelo, el mío llegó bien aunque con retraso, y al llegar a Múnich me estaban esperando con un cartelito, qué ilusión. Pude llegar bien al vuelo intercontinental, que salió con más de una hora de retraso y llegó a San Francisco sólo media hora después de lo previsto, al mismo tiempo que el vuelo alternativo que le dieron a mi compañero, así que llegué al hotel a una hora excelente para darme una ducha e irme a dormir y no sufrir demasiado las consecuencias del jet lag.

Tengo comprobado que salir a correr es una buena medicina para acostumbrar a tu cuerpo al cambio horario. Cuanto más se parezca tu día en tu nuevo huso horario a tu día habitual, más rápido te adaptas.

Después de despertarme varias veces durante la noche, algo normal en mí cuando viajo de este a oeste, el domingo a las 6 de la mañana ya estaba en pie listo para subir cuestas. La generosidad de Lufthansa y su barra libre de chocolates Toblerone me permitió tener algo que comer antes de salir. Me zampé una barrita de Toblerone y otra de cereales que había traído de casa y salí a hacer mi ruta habitual en San Francisco. La ruta básica consiste en empezar subiendo por Taylor Street, una de las cuestas más duras que he visto en mi vida. En apenas un kilómetro hay una subida de 30 metros, que se traduce en un desnivel del 30%. Si los semáforos me permiten hacerla de un tirón, llego a la primera bajada casi muerto. Si algún semáforo no colabora, me voy por una calle perpendicular y recupero algo de aire, pero es más divertida la primera opción. Esta vez sí que la hice entera, hasta llegar a la bajada en el cruce con California Street. Desde ahí me dejé llevar recuperando al aire, hasta que llegué a la rampa asesina que empieza en el cruce con Broadway. Como me veía con fuerzas, intenté improvisar una prueba de esfuerzo máximo, y subí la cuesta al sprint. El Polar me llegó a marcar 177 lpm, no sé si la prueba es correcta, pero lo que sí sé es que nunca había llegado a ver esa cifra de latidos por minuto.

Una vez superada esa cuesta, la ruta normal baja en línea directa hasta donde empieza The Embarcadero, a la altura de Fisherman's Wharf. Ahí giro y recorro todo The Embarcadero, paso por mi querido Pier 39 y todos los demás Piers hasta el canal que hay después del estadio AT&T. Luego giro en 4th St. y ya voy directo hasta O'Farrell, donde tengo el hotel.

Es una ruta de casi 10 Km, con una subida estratosférica al principio, una bajada constante para recuperarse y un buen paseo de prácticamente 5 Km por la costa, sin un solo semáforo. Al final acaba con una ligera subida y algo de incertidumbre con los semáforos, a la hora a la que llego ya hay más tráfico y además esa zona suele tener más circulación que el trozo de las subidas asesinas. Esta vez me salió perfecto, pasé todos los semáforos de un tirón, con algún sprint algo forzado, pero no tuve que pausar el RunKeeper.

Al día siguiente se me antojó bajar por la famosa Crooked Street de San Francisco. Si no os suena por el nombre, os sonará por la foto...



Varié un poco la ruta y salí hacia el oeste para llegar hasta Hyde St., y a los pocos minutos de salir, recibí mi primera llamada en el iPhone corriendo. Yo iba subiendo por Jones St., medio asfixiado, y de repente empecé a escuchar mi ringtone por encima de la canción que sonaba de mi playlist. Nunca me había pasado eso, así que tardé unos segundos en reaccionar hasta que vi que me llamaba mi esposa, contándome que estaba cayendo una nevada tremenda en Barcelona. Descubrí que se puede hablar por teléfono con el iPhone en el brazo, escuchaba con los auriculares y hablaba por el micrófono, girando la cabeza. La única dificultad para hablar cómodamente era la rampa del 30% por la que estaba subiendo...

Después de las noticias frescas, seguí haciendo zig-zag hasta llegar a Hyde, y subí por el camino del Cable Car hasta llegar a la calle de las postales. No recordaba que hay unas escaleras a los lados de la calle, y me pareció leer que no se podía pasar andando por la zona de las curvas. Pero como iba corriendo y no había nadie, pues... Pasé... Creo que ha sido la única vez en mi vida que he cometido una infracción tan grave. Pero no pude evitarlo... :)

El resto de la ruta fue el habitual, aunque esta vez en 4th St. tuve que detenerme en varios semáforos y me olvidé de pausar el RunKeeper en uno. Al ir por Hyde St. hay bastante más desnivel, y la velocidad media se resintió por eso y por mi torpeza con el botón de la pausa y los semáforos. Pero acabé bastante entero.

Para el último día tenía decidido un reto personal, y mi idea era descansar el miércoles, antes de intentar la cafrada. Así que pensé que la ruta del martes podía ser un poco más dura...

Pensando en el descanso del miércoles, salí decidido a hacer la ruta del Cable Car. En vez de irme hacia el oeste, salí hacia el este en dirección a Powell St., y comencé a subir por donde sube el Cable Car. Giré en Washington St., donde hay una subida brutal, creo que es la peor de todas, por pendiente y por longitud. La de Broadway tiene un desnivel tremendo, pero ésta es mucho más larga. Casi sin aire, ataqué las últimas rampas de Hyde St., sin dejar de ver la vía del Cable Car en ningún momento, y sufriendo para no dejar de correr.

Ya que hablo tanto de las vías del Cable Car... Os dejo esto... ;)



Después de la subida asesina estaba bastante cansado. Acabé la ruta por The Embarcadero a un ritmo más tranquilo, y cuando ya estaba volviendo por 4th St. me equivoqué y paré el RunKeeper en vez de pausarlo... :( Hice el último tramo sin forzar, mis piernas habían sufrido mucho en la primera parte y preferí dejarme llevar. Creo que la ruta fue de 11 Km, aunque el RunKeeper no pueda dar fe total de ello.

Descansé un día y me preparé para el mayor acto de cobardía de la semana...

Pero eso será otro post...

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