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miércoles, 24 de marzo de 2010

Mi entrenamiento más sufrido...

Siempre recordaré Sitges como la carrera en la que más sufrí...

El sufrimiento en los entrenamientos se puede regular sin la presión de intentar batir tu marca o dar lo mejor de ti mismo ante el cronómetro. Es más, se debe regular si uno quiere vivir para contarlo.

Pero a veces un entrenamiento puede convertirse en un infierno...

Esta mañana aún tenía algo de agujetas de la media maratón. Suelo esperar dos o tres días antes de volver a entrenar, y esta vez lo dejé en dos. Tenía ganas de probar mis nuevas Adidas, así que el despertador sonó a las 5:50 y me emplacé a una carrera tranquila para recuperar el tono muscular.

Al levantarme, noté que el nivel de riesgo de Punto 8 estaba situado en la alerta amarilla. Es el tercero en una escala de 5. Nada por lo que preocuparse, la alerta amarilla de Punto 8 simplemente indica que algo se está gestando pero su salida se producirá previsiblemente en un par de horas.

Normalmente las carreras las corro en un estado de alerta azul. Éste indica que se han producido uno o más Punto 8 en las tres últimas horas, y han sido altamente satisfactorios, siendo prácticamente imposible que pueda producirse un nuevo Punto 8 durante la carrera.

El nivel de alerta verde se da cuando el último punto 8 se ha producido en las 24 horas anteriores y no hay signos evidentes de que un nuevo Punto 8 esté ya preparado. Es el que habitualmente se produce cuando salgo a entrenar a media mañana o por la tarde.

El nivel amarillo, el de esta mañana, ya he comentado que no es preocupante. Se puede salir a correr sin problemas.

El nivel naranja indica que el Punto 8 está preparado y podría producirse en las próximas dos horas. El riesgo de salir a correr en ese caso es importante. No se recomienda salir de casa en ese estado, lo prudente es esperar a que se produzca el Punto 8 o intentar utilizar algún catalizador, como el café, una galleta con chocolate o un buen trago de Aquarius.

Y por último, el nivel rojo indica que el Punto 8 es inminente, prácticamente ya está haciendo la tortuga. Bajo ningún concepto se puede salir a correr en ese estado, bajo riesgo de no poder controlar la salida...

Con estas indicaciones, podré explicar mejor la sucesión de hechos que acontecieron el día de autos...

Dado que el nivel de alerta era amarillo, opté por no beber nada antes de salir, por precaución. Comí unos dátiles, ya que salir con algo en el estómago me estaba dando buenas resultados últimamente.

Bajé a la calle, el clima ya empieza a ser muy agradable. Llevaba mi chaquetilla Nike y pantalón largo, también los guantes, pero no usé el buf. Estiré un poco, y algunos de los estiramientos, especialmente los de la parte anterior del muslo, produjeron algún leve movimiento interno que facilitó la despresuración parcial del intestino grueso... Nada fuera de lo habitual, aunque el silencio reinante a esas horas de la mañana hace que esta acción tan natural resulte poco discreta.

Empecé a correr a un ritmo muy tranquilo, más de 6 min/km, para no forzar mis doloridas piernas. Apuré un poco más el segundo kilómetro, y empecé a notar que algo estaba pasando...

A partir del kilómetro 3 la alerta de Punto 8 había pasado ya a nivel naranja. No es especialmente preocupante, se puede aguantar el nivel naranja dos o más horas según las circunstancias. Había empezado a aumentar un poco el ritmo, y durante un kilómetro la situación estaba estabilizada.

Pero al llegar al kilometro 4 todo empezó a suceder muy rápido. La alerta de Punto 8 pasó casi instantáneamente a nivel rojo. Estaba a 4 kilómetros de casa. La primera decisión fue dar media vuelta inmediatamente. El nivel rojo exige una concentración máxima para evitar un accidente fatal. Bajé mi ritmo y empecé a correr a más de 5:30 min/km, para evitar vibraciones innecesarias y amortiguar al máximo cualquier movimiento en mi interior... La bajada de ritmo supuso que momentáneamente la alerta bajara a nivel naranja, pero fue apenas durante unos minutos.

Volvió a nivel rojo de inmediato. Podía ocurrir algo fatal en cualquier momento. No dejé de correr, pero bajé la amplitud de la zancada. El dilema era terrible... Corro más para llegar antes, o corro menos para disminuir el riesgo de fuga...

Empecé a mirar a ambos lados buscando un buen refugio en caso de que la situación no pudiera controlarse. Los kilómetros se hacían interminables... El RunKeeper no decía nada... El puente del Molinet parecía un refugio seguro. Ya estaba a punto de hacer la tortuga y las despresurizaciones eran constantes. Empecé a notar un sudor frío. Y el tiempo seguía pasando muy lentamente...

Pasé el puente del Molinet pensando que el puente del Potosí no estaba tan lejos. Los sudores no cesaban. La despresurización cada vez era más complicada, en cualquier momento podía venir acompañada de algo más que metano...

Pasé el puente del Potosí aflojándome la goma del pantalón sujetándola con la mano. La presión interior, sumada a la exterior, se hacía insoportable. Fue un pequeño alivio aflojar la externa, pero la interna ya sobrepasada el límite tolerable. El escape fatal podía ser inminente. Los sudores fríos cubrían mi cara por completo. El esfuerzo de contención ya estaba limitado a un único músculo...

Llegué casi mareado a la salida del río. La rampa es muy pronunciada, y pensé que si la subía corriendo sería el fin... Paré y subí andando, aprovechando cada paso para fijar cualquier vía de escape. El semáforo fue benévolo y no me hizo esperar. Estaba a escasos 500 metros de casa y había resistido la presión. No podía resistirla 1 Km más. Aceleré el paso, sin llegar a correr y llegué al portal de casa casi descompuesto. Subí las escaleras cuando el nivel rojo ya parpadeaba y se empezaban a escuchar las alarmas para la población...

Abrí la puerta cuando la tortuga ya sacaba la cabeza... Mi familia me vio pasar fugazmente en dirección al único lugar de la casa en el que podía pensar... Y pude respirar tranquilo... Aunque el aire se tornó irrespirable... Sobreviví...

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