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lunes, 19 de abril de 2010

Cursa Bombers - Nike

¡Qué alegría, han vuelto los 10K!

Tenía ganas de enfrentarme de nuevo con la distancia que más veces he recorrido, después de un atracón de medias maratones y los 10K de Sant Antoni que me dejaron mal sabor de boca. El objetivo estaba claro. Había que superar la marca de La Sagrera, los 42:13. Ese día las condiciones fueron ideales. Ambiente frío, algo húmero sin llegar a llover, cerca de casa, poca gente, un punto 8 correcto... Además fui solo, y el precio de no poder disfrutar de compañía se compensó con un punto más de concentración.

Pensando en todo eso, el miércoles y el viernes salí a trotar por la mañana sin apretar mucho. El miércoles me encontré cómodo, y sin forzar hice la ruta de ida y vuelta al mar a una media de 4:48. El viernes salí en sentido contrario, hacia Montcada, sin forzar lo más mínimo, y acabé a 5:01 después de un pequeño incidente con el Runkeeper... :)

Y el domingo llegó el día de la Cursa Bombers - Nike... A las 5:55 me levanté de un salto, me comí mi plato de pasta con atún, maíz, tomatitos cherry, aceitunas y surimi, un zumo de naranja, dos galletas con chocolate y un café. Creo que con la emoción comí algo más de la cuenta, y después de cumplir el punto 8 sin pena ni gloria, salí de casa sintiéndome el estómago un poco hinchado, pero con tiempo de sobra para digerir mi ligero tentempié.

Salí de casa poco después de las 8, con tiempo de sobra para hacer transbordo en Urquinaona y bajarme en Barceloneta, según mis planes iniciales. En Santa Coloma vi a varias personas con la camiseta oficial de la carrera, y con casi todas me pasó lo mismo, no hizo falta saludarse o decirse algo, simplemente, ver a otra persona con la camiseta y el chip en las zapatillas hace inevitable que se escape una sonrisilla... :)

En el metro había más cobardes que se dirigían a la carrera, por simple probabilidad, habiendo 18.000 inscritos lo raro sería que en algún vagón no hubiera al menos uno. Llegando a Arc de Triomf vi que se levantaban todos, así que, conociendo mis dotes de orientación, aún con iPhone y GPS, cambié de planes y preferí seguirles. Capaz soy de bajarme en Barceloneta y acabar en el Tibidabo...

Salí de casa con la ropa de correr, por comodidad, ¡y la verdad es que al salir a la calle me encontré con un frío de perros! Nada que no se pudiera aguantar, y además, la mejor noticia meteorológica que podía esperar. Correr con frío, siempre que no sea excesivo (aún me acuerdo de la media de Sitges) lo prefiero a correr con calor (nunca se me olvidarán los 10K de Premià). A medida que llegaba a la zona de la salida, donde había quedado con Manu y Mònica, el calor humano iba haciendo más llevadero el frío.

Nos juntamos los tres cobardes, dimos un paseo de ida y vuelta a la moto de Manu, y ya casi nos daban las 9:30, ¡media hora para empezar!

Ya se me había pasado el mini empacho de la mañana, pude hacer una visita tranquila a los lavabos y me dirigí a la zona de salida...

Tengo que decir que le doy un diez a la organización. 18.000 personas es una buena cantidad de gente, y en una carrera tan corta, pese a discurrir por calles bastante anchas, era complicado garantizar que todos puedan correr cómodamente a su ritmo. En el momento de la inscripción había que indicar la mejor marca en los 10K, y en función de eso te daban una pulsera de color para poder entrar en los distintos cajones de salida, <37, <40, <42, <45, <49, <53, <60 y +60. Por trece segundos no pude meterme en el <42, iba a salir con Manu en el de <45, pero por un incidente en la recogida de la camiseta-dorsal Manu se quedó sin pulsera, así que me despedí de ellos hasta la llegada y me fui a mi cajón.

Lo de la camiseta es un detalle que ojalá copien otras carreras. En vez de llevar un trozo de papel con cuatro imperdibles pinchados en la camiseta, la organización regalaba una camiseta con el número de dorsal impreso en ella. Hace gracia correr con un dorsal con tu nombre, como en Gavá o Sant Antoni, pero es mucho más cómodo hacerlo sin dorsal. A ver para cuándo la camiseta con el número y el nombre ya estampados... :)

Entré en la zona de <45, todo perfecto, bien señalizado, sin huecos por donde colarse, con controles en la entrada, y calenté y estiré unos minutos. Ya ni me acordaba del desayuno, me sentía bien, aunque no especialmente ligero, pero sí con ganas de salir a correr. Mis planes eran salir tranquilo, pensando en la aglomeración que podía producirse e ir subiendo el ritmo. Pero tras el pistoletazo de salida, vi que se podía correr bien y dejé que las piernas decidieran.

Las piernas lo dejaron claro. ¡Corre cobarde! Salí fuerte, el primer kilómetro, pese a algún obstáculo imprevisto y teniendo que cambiar de ritmo varias veces para evitar atropellos, lo hice a 4:09. No sentía que estuviera yendo demasiado rápido, es curioso cómo cambia correr con gente alrededor que solo. Pensaba que iba más despacio, reservando algo de fuerzas para los dos kilómetros de subida del Paralelo, pero el RunKeeper me chivó que el ritmo era de mejor marca pasado el primer kilómetro.

Llegaba lo peor de la carrera, la subida del Paralelo. Opté por la táctica de dejar que las piernas decidan, era muy pronto para que los pulmones marcaran el ritmo. Levanté el torso, fijé la vista en el horizonte, y maldiciendo la calle que menos me gusta de Barcelona intenté mantener un buen ritmo, acortando algo la amplitud de la zancada y aumentando sólo un poco la frecuencia de la misma. El segundo kilómetro lo hice a 4:08, y el tercero, donde la subida era algo más intensa, a 4:15.

Viendo el ritmo de los tres primeros kilómetros, pensé que no era viable aumentarlo en la segunda mitad, había salido fuerte, en la subida del Paralelo había consumido bastantes recursos, así que empecé a calcular mentalmente qué velocidad debía llevar cada kilómetro para intentar superar mi marca. Contar los kilómetros que llevo y me quedan, y calcular la marca que me saldría, es mi diversión favorita durante la carrera, además de escuchar a Queen y Rocky Sharpe y ver los escaparates y carteles de los comercios. Cuando llevo dos kilómetros no estoy cansado y ya sólo me queda hacer lo mismo cuatro veces más. El kilómetro 3 mola, apenas trescientos metros más y ya llevaré la tercera parte. El cuatro es genial, queda poco para la mitad. El cinco es el mejor, empezamos a descontar. El 6 es básico, cuando se llegue al siete ya llevaremos más de dos tercios y tocará empezar a pensar en el sprint. El 8 es insuperable, queda la quinta parte de la carrera. Y a partir de ahí, ¡a correr!

Íbamos por el tres, ¿no? Encumbré el Paralelo y no quise apretar para recuperar algo de fuerzas. En el kilómetro 4 daban agua, pero no tenía pensado cogerla, y había que tener cuidado con los incidentes de los sedientos... :) Así que el cuarto y el quinto los hice a 4:14 y 4:18. Había conseguido alcanzar un buen ritmo, se corría muy cómodo por calles anchas, sin aglomeraciones, iba adelantando gente y el ritmo de todos era muy bueno, como se intuía, el día era ideal para correr. Me sentía cómodo y aún me quedaban fuerzas para la segunda mitad, ya había recuperado el esfuerzo de la subida.

Empecé el sexto kilómetro calculando que podía superar mi marca, pero había que bajar bastante esos 4:18. El descanso me sentó bien después de la subida del Paralelo, sabía que había otro repechón en el séptimo, pero no podía permitirme bajar el ritmo. Subí una marcha y vi que podía rascar unos segundos cada kilómetro, conservando fuerzas para subir otra más en el siguiente. El sexto lo hice a 4:16, 4:13 el séptimo, 4:12 el octavo, ¡y a falta de dos ya empezaba a notar que se iba a encender la luz de la reserva!

Es en ese momento en el que hay que hacer el delicado cambio de cabeza por piernas. Al menos en mi caso, las piernas no van tan ligeras como al principio, inconscientemente tiendo a alargar la zancada y bajar la frecuencia de la misma, que es lo mejor que se puede hacer si se quiere correr más despacio... Es entonces cuando la cabeza debe concentrarse en mover más rápido las piernas, luchar contra la reacción instintiva del cuerpo de protegerse suavizando el paso, sin olvidar que hay que respirar con más intensidad para tener el oxígeno necesario para conseguir ese último esfuerzo.

Pude hacer el noveno a 4:10, ¡y llegaba el último! Después de la subida del Paralelo, tocaba una ligera bajada por Via Laietana. La subida del Paralelo la odio, son dos kilómetros viendo traseros y gemelos, en cambio, la estampa de Laietana era genial, un kilómetro de recta en la que sólo se veían cabezas botando y camisetas azules. Ya estaba bastante cansado, intenté apretar un poco más, y cuando me quedaban 500 metros el RunKeeper me echó el último cable y empezó a sonar la música de Rocky III. Intenté mantener el ritmo, enfilé la recta de llegada y vi en el marcador que la marca de Sagrera iba a caer, pero no por demasiado. Esprinté al final, el reloj no llegó a los 43:00 al llegar y cuando crucé la salida casi marcaba un minuto, así que iba a ir muy justo... Además no paré bien el RunKeeper, así que no sabía exactamente qué tiempo había hecho.

Por cierto... El recorrido, aquí está.

Y yo... Estoy en esa foto... En la siguiente que tenían en runners.es ya debía estar subido en el metro... :(



La organización, una vez más, genial. Tras la meta, teníamos más de 300 metros en línea recta, bien anchos, para enfriar, en dirección al Parque de la Ciudadela. Llegando al parque nos dieron una bolsa con agua, Powerade, frutos secos, chocolatinas y una barra de cereales. Genial. Después del obsequio, en el parque, tenían una zona de relax, para acompañantes y familiares, y lavabos de sobra, además de masajes para el que lo quisiera. Me fui a esperar a los otros dos cobardes en el punto de encuentro, nos contamos cómo había ido, y ya empezamos a hablar de qué carreras siguen este mes... :)

Estaba convencido de que había bajado algo mi marca de Sagrera, pero no estaba seguro de por cuánto. Cuando me di cuenta de que no había parado bien el RunKeeper, éste marcaba 42:25. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que crucé la meta, en esos segundos justo después de acabar una carrera, después del último esfuerzo, es difícil conservar intacta la noción del paso del tiempo.

Volviendo a casa, ya en el metro, el último gran detalle de la organización... ¡Un SMS con el tiempo oficial! 42:05, estoy contento con esa marca, aunque por 5 segundos no he podido bajar los 42:00 y optar a otro cajón el año que viene. A no ser que este año los supere, que es mi intención. Creo que en una carrera más llana tengo margen para bajar los 42:00. Intentaré comprobarlo el próximo domingo, iré a los 10K de La Llagosta, Manu también se apunta.

¡Hasta entonces, cobardes!

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